FUEGO


Amo que me ames,
que me beses con ganas,
que tus brazos me asfixien,
que tu cuerpo rompa mi calma.
 
Deja que la pasión
queme ese deseo,
esa obsesión,
esa hambre de amor.
 
Las aves se posan en la ventana,
husmeando y envidiosas;
paralizadas y asombradas
ven hasta el último pedazo
de piel que viste mi cuerpo,
observan partes que ni el sol ha tocado,
ni cualquier otro ha probado.
 
La pasión,
la lujuria,
el fuego,
el amor,
consumen las horas a solas
en la habitación.
 
 
 

UNA VEZ MÁS

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Un duende te dio una pastilla para la felicidad,
un águila te llevó en sus alas,
un arcoíris coloreó tu mundo gris;
encontraste a tu cuento de hadas.

Y tú que no creías en princesas,
ni en mundos ajenos a este,
eras tú quien se mostraba reacio
a este sentimiento,
a esta utopía.

Tú, el hombre que despreciaba la poesía;
tú, el huraño del amor en la vida;
tú, el verano sin sol;
tú, el hombre que encontró el amor
y creyó de nuevo en lo que un día
en sus adentros dolía.