PROMESAS DE AMOR

Me siento triste y cansado de seguir en un mundo plagado de mentiras que se hacen llamar promesas de amor, promesas que quedan en el aire y luego desaparecen; dicen amarse hasta la muerte, pero lo primero que muere es el amor.


Que ilógico e inútil es amar, pero cuando lo haces; sientes como si las estrellas brillaran más cerca de ti, como si el sol calentara tu corazón, como si la luna te iluminara con todo su esplendor. Pero… cuando ese amor desaparece; quedas en la nada, quedas flotando en un mar de tristeza y sientes como si la vida se acabara en un segundo.


Todos sabemos que nada es eterno, conocemos cuando inicia, pero no cuando se termina.

EL INICIO DE TODO: ABUSO SEXUAL

Que alguien toque tu cuerpo, penetre tu inocencia, te destruya con
brutalidad, es algo inexplicable, horrible y sucio de pensar, pero es mi
realidad o quizás una pesadilla; una muy espantosa pesadilla de la cual no
logré despertar a tiempo. 

12 de julio del 2007; un día al que recuerdo como si fuese ayer, hoy y
mañana. Sus frías y sudorosas manos en mis hombros, más una voz áspera y titubeante diciéndome “tranquilo no te voy a lastimar, todo será rápido; confía en mí”. Ese fue mi error, confiar en él y pensar que nada malo iba a suceder.

Sentí como el ambiente en aquel sucio y fétido baño comenzó a ponerse tenso a tal punto que ya tenía miedo. Quise gritar pero sus asquerosas manos taparon mi boca, para después darme una bofetada y callar mis lamentos con brutalidad.

Quedé sin fuerzas para huir y gritar, en ese momento pude sentir como mi
pantalón se deslizaba por mis débiles piernas y como mi ropa interior era
desgarrada con fuerza.

Sentí como su parte íntima penetraba dentro de mi cuerpo una y otra vez sin parar. El dolor; el agonizante dolor; no sabía diferenciar que me dolía más ¿el alma o el cuerpo? Mi boca en su pene fue satisfactoria para aquel animal, porque lo escuché gemir de placer, pero él no me escuchaba llorar de dolor; esos minutos parecieron horas incluso días, días de un enorme lamento.

Para cuando me soltó, yo estaba tirado en aquel suelo sucio, tan sucio como
la mente retorcida de aquella bestia. Desde que mi inocencia se perdió, mi
felicidad también. Fue entonces que decidí vestir de negro mi alma y a mi
corazón; de negro dolor porque combina con mis oscuros pensamientos.

Si hubiese sido adivino, no hubiera sucedido lo ocurrido, perdón por no
serlo, muchos me culpan por eso. Mis amigos y conocidos piensan que me quedé ahí porque quería hacerlo, pero no saben cómo se siente estar en mis zapatos, ni mucho menos entenderán que es estar destruido como yo lo estoy.

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