EL INICIO DE TODO: BULLYING

“Eres un pendejo, un débil y es por eso que todos hacen y deshacen de ti”; esas fueron las palabras de un padre tratando de ‘ayudar’ a un hijo,  ¿pero esa era la forma correcta de hacerlo?

No, esa no era la manera que yo quería que me ayuden, solo hicieron llenarme de culpa e hicieron que cortara cualquier lazo de comunicación que tenía con ellos.

Todos los niños lucían felices, en esas cuatro paredes que nos encerraba en un lugar llamado aula de clase; yo lo llamaba mi cárcel, sí, mi cárcel, porque era ahí donde pagaba una condena que no tenía que caer en mí.

Entre risas, mofas, gritos, insultos y golpes, la mayoría de ellos hacían de mi día a día una pesadilla, ya no aguantaba más, pero tenía que ser fuerte porque los niños fuertes no lloran; esas eran las palabras de mi madre brindando ‘ayuda’.

Mi nariz rota, mi uniforme manchado de aquel líquido rojo, y con algunos golpes en el cuerpo y rostro; ese era mi disfraz de casi todos los días.

Detrás de los baños, sus puños en mi rostro eran plasmados; detrás de os baños, mi ropa era de su potestad y como una ramera me querían usar; detrás de los baños, un niño violado y golpeado lloraba de dolor, y nadie quería ayudarlo porque querían que forjara su carácter en medio de su pena.

¡NO, BASTA! ¡DEJÉNME! ¡AYUDA! ¡AYUDA!

Mis palabras eran silencios y mis silencios eran mi corona de espina, una corona que aún la llevo y la llevaré por el resto de mis días.

-¡MARICA! ¡TONTO! ¡NO LLORES, QUE LOS HOMBRES NO LLORAMOS! ¡GOLPÉALO YA! ¡DAS LÁSTIMA!

Nadie pudo ver lo divertido, lo bondadoso, lo amigable que pude haber sido, solo vieron a un niño vulnerable y blanco para el acoso y maltrato.

Los dueños del salón disfrutaban de las clases como siempre, yo trataba de componerme y no temblar ante las bestias para evitar ser comido por ellas.

En la casa, era el tema que todos hablaban a la hora de cenar, y no faltaba uno que otro golpe en la cabeza para hacerme ‘recapacitar’ que los débiles no se sentaban en esa mesa.

– Papá, yo no tengo la culpa que ellos me quieran golpear…

– Pero tú te dejas, y si te dejas tienes la culpa.

La vida o como sea que se llame, se me iba de las manos y no era culpa mía como muchos me hicieron pensar, viví rechazando mi cuerpo, no hablaba, era una mierda envuelto de más mierda y rodeado de gente mierda.

-Maestra, puede cambiarme de sitio, ellos me están molestando…

-No, deja de quejarte y aprende a ser más varoncito.

Risas, risas y más risas, era el hazme reír de todos, era una vergüenza para mis padres haber concebido a un hijo débil y sensible, ellos no me enseñaron a ser fuertes; fue la vida que me tocó vivir y las lágrimas eran mi única compañía en aquella época tenebrosa.

Estaba cansado, deprimido, adolorido y nadie podía ver mis señales. Mis hermanos sabían que era su presa, pues también fui su juguete como lo fui con de mis ‘compañeros de clase’ y con los cerdos que tocaban mi cuerpo como si este fuera de su propiedad.

Juré un día, levantarme como un gigante y vencer el pasado, aún no lo hago del todo, pero lo lograré… así sea que tenga que alejarme de todos para poder sanar mis heridas.

Esta dolorosa etapa de mi vida dejó cicatrices que supuran cada vez que mi mente viaja al pasado.

Espero que esto no quede como un simple escrito, me gustaría que ustedes los lectores hagan consciencia del daño que el bullying causa en los niños, pues si ves señales en tus hijos, nietos, sobrinos; no las ignores y ayúdales porque lo que ellos necesitan es confianza y amor, no sentirse culpables de ese dolor.

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