Un ayer, un mañana

Crédito: Amino Apps
Hoy me levanté con ganas de fumar,
con ganas de ver qué hay más allá
de las paredes de mi habitación;
no me sorprendería ver la preocupación
pintada en los rostros de los seres
que rondan allá fuera.
 
Es un día soleado,
las calles no están tan llenas,
las personas miran sin mirar,
caminan asustadas y otras solitarias.                                                                
 
Las adversidades de la vida son muchas,
pero pocas personas las afrontan,
algunas se hunden en ellas
dejando que el tiempo las alcance
y las desaparezca.
 
Pienso en el mañana,
queriendo olvidar el ayer,
un ayer que me ha dejado
un sabor amargo en la boca.
 
Mi rostro, 
mi rostro dibuja un semblante
abrumado por la pandemia,
mi sonrisa se ha ido en el aire
y mi llanto se escucha por las noches.
¡Mierda!
Extraño mi familia y amigos.
 
No sé por cuánto tiempo
podré contener la depresión,
no sé cuánto tiempo pasará
para ver a quienes quiero en realidad.
 
No hay horarios ni calendarios,
todos los días son iguales,
quizás uno de estos no vuelva a despertar
para sentir como el sol 
entra por mi ventana y besa mi escamosa piel.
 
Me muero.

EL INICIO DE TODO: ABUSO SEXUAL

Que alguien toque tu cuerpo, penetre tu inocencia, te destruya con
brutalidad, es algo inexplicable, horrible y sucio de pensar, pero es mi
realidad o quizás una pesadilla; una muy espantosa pesadilla de la cual no
logré despertar a tiempo. 

12 de julio del 2007; un día al que recuerdo como si fuese ayer, hoy y
mañana. Sus frías y sudorosas manos en mis hombros, más una voz áspera y titubeante diciéndome “tranquilo no te voy a lastimar, todo será rápido; confía en mí”. Ese fue mi error, confiar en él y pensar que nada malo iba a suceder.

Sentí como el ambiente en aquel sucio y fétido baño comenzó a ponerse tenso a tal punto que ya tenía miedo. Quise gritar pero sus asquerosas manos taparon mi boca, para después darme una bofetada y callar mis lamentos con brutalidad.

Quedé sin fuerzas para huir y gritar, en ese momento pude sentir como mi
pantalón se deslizaba por mis débiles piernas y como mi ropa interior era
desgarrada con fuerza.

Sentí como su parte íntima penetraba dentro de mi cuerpo una y otra vez sin parar. El dolor; el agonizante dolor; no sabía diferenciar que me dolía más ¿el alma o el cuerpo? Mi boca en su pene fue satisfactoria para aquel animal, porque lo escuché gemir de placer, pero él no me escuchaba llorar de dolor; esos minutos parecieron horas incluso días, días de un enorme lamento.

Para cuando me soltó, yo estaba tirado en aquel suelo sucio, tan sucio como
la mente retorcida de aquella bestia. Desde que mi inocencia se perdió, mi
felicidad también. Fue entonces que decidí vestir de negro mi alma y a mi
corazón; de negro dolor porque combina con mis oscuros pensamientos.

Si hubiese sido adivino, no hubiera sucedido lo ocurrido, perdón por no
serlo, muchos me culpan por eso. Mis amigos y conocidos piensan que me quedé ahí porque quería hacerlo, pero no saben cómo se siente estar en mis zapatos, ni mucho menos entenderán que es estar destruido como yo lo estoy.

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UN AMOR QUE CAUSA DOLOR

Me masturbé mientras te escribía mil poemas, fumaba viéndote como tú me hacías mierda.

Somos tan efímeros en una relación, en la vida, en todo.

Perdemos tantas personas buenas por nuestra mala actitud, pero es tarde cuando nos damos cuenta.

Somos egoístas, no compartimos la felicidad a los que nos rodean.

Somos masoquistas, mientras más nos hieren, es cuanto más estamos con esa persona que solo nos daña, nos destruye, nos mata. 

Busca a ese ser que te haga ver el mundo de otra forma, de otra perspectiva, ese ser que te muestre el lado positivo de la vida.