El pasado, mi oscuro amigo

Estoy sentado en mi cama con las dos manos tecleando este escrito y con lágrimas que brotan de mis vértices, no quiero estar triste… no es mi intención.

He decidido escribirles a mis demonios, a los fantasmas que viven tras las puertas de mi closet, a la muerte que habita en mí; déjenme en paz.

Sí, ha vuelto la oscuridad de mis días… el tormento de mi puta vida; mi pasado, mi inseparable amigo:

Recuerdo con claridad como sus manos ásperas desabotonaban mi camisa, como su miembro frotaba contra mi cuerpo desnudo y paralizado. Fueron minutos que parecieron horas de tortura.

Mis gemidos eran música para sus oídos, mis lágrimas risas para ellos y mi cuerpo de todos menos mío.

Me violaron, me destruyeron, me mataron y de mí todos se burlaron.

Me hirió más no poder contarle a nadie sobre lo sucedido por miedo al rechazo. Viví años con esa espina clavada en mi carne; ¡qué desdicha la mía!

Mis padres ignoraban las señales que les daba, mis hermanos siempre me marginaban… era yo y mi soledad añorando la muerte a temprana edad.

Guardo cada insulto en mi suicida mente, cada rostro, cada escena… y tengo miedo a lo que pueda sucederme en aquellos momentos como este, en los que siento que será mi despedida.

Lo anteriormente escrito en cursiva es un extracto de algo que redacté el año pasado cuando me sentía apesadumbrado y lo comparto hoy porque quiero que conozcan mi dolor, además de que empaticen con quienes hayan sido abusados sexualmente.

Trato de mantenerme positivo, de ejercitarme y de tener mi mente ocupada, sin embargo, mi pasado siempre arruina mi vida haciéndome llorar un río de dolor y culpa.

07/03 llanto de mi madre

Mi madre llora sin control alguno, sus sollozos a mi corazón empequeñece.

No soy bueno brindando afecto; nadie me lo enseñó, pero verla lastimada me duele en el fondo de mi ser. No sé qué hacer ni qué decir, solo la observo y la escucho mientras conmigo desahoga sus penas.

De pronto la lluvia comienza a caer en nuestro techo de lata, ese ruido a nuestras voces enmudecen mientras nuestros olfatos perciben el petricor que emana del suelo; rico aroma.

Sus lágrimas secan, una sonrisa en su rostro dibuja y puedo entender cuán fuerte es y lo mucho que ella lucha para ver a sus hijos bien.

La envidia mía

 Envidio a las aves; 
 pequeñas y grandes a la vez... 
 volando alto sin miedo a caer, 
 disfrutando de la vida desde las alturas 
 mientras las nubes ante ellas se despejan 
 abriendo paso a un paraíso de algodón.
  
 Envidio a los árboles; 
 frondosos y fuertes, 
 viviendo sus taciturnidades día a día, 
 ellos tan dispensables en la vida... 
 tan vivos, tan pasivos; 
 sin estar envueltos en lujos, ellos tranquilos respiran.
  
 Envidio a las estrellas; 
 su luz nunca cesa, 
 iluminan las penumbras de un espacio... 
 de un firmamento a oscuras que habita más allá 
 de lo que ningún ser puede estar o llegar.
 Tan inalcanzables; tan espléndidas... tan brillantes.
   

Hastío y soledad

Adiós amor, no olvides que te amo y que siempre te amaré.

En mi pecho llevaré la estaca que me matará de hastío y soledad.

Sé que me arrepentiré por esto; por dejarte sin mis besos y abrazos,

Mas no espero que lo comprendas, tampoco que me perdones por destrozar tu corazón de esta vil manera…

Pero es mejor así antes que hacerte más daño.

Trazaré un caudal con mis lágrimas y en él navegaré de sur a norte,

En las aguas frías de mi soledad.

En esta vieja barca,

Subirán mis demonios y junto a ellos me ahogaré hasta fallecer mirando el ocaso mientras la noche cae y la luna me observa.

Llévame a los Andes

¡Allá!

Donde los cóndores vuelan libres junto a las águilas

sin miedo a tropezar en las colinas empinadas de la cordillera andina;

sí, allá donde todo lo que se mueve son presa para las aves rapaces.

¡Allá!                               

Para observar al sol saliente mientras bebo un café negro cargado de vida;

sí, allá llévame.

¡Allá!

Donde el viento arrasa con la vegetación débil que nace de piedras lisas;

sí, en esas piedras me quiero sentar.

¡Allá!

Quiero escuchar a los animales salvajes mientras de lejos los fotografío;

sí, allá quiero despertar.

Donde sé es feliz, hay que regresar y vivir hasta morir.