07/03 llanto de mi madre

Mi madre llora sin control alguno, sus sollozos a mi corazón empequeñece.

No soy bueno brindando afecto; nadie me lo enseñó, pero verla lastimada me duele en el fondo de mi ser. No sé qué hacer ni qué decir, solo la observo y la escucho mientras conmigo desahoga sus penas.

De pronto la lluvia comienza a caer en nuestro techo de lata, ese ruido a nuestras voces enmudecen mientras nuestros olfatos perciben el petricor que emana del suelo; rico aroma.

Sus lágrimas secan, una sonrisa en su rostro dibuja y puedo entender cuán fuerte es y lo mucho que ella lucha para ver a sus hijos bien.

No me juzgues

No me juzgues, solo ámame

No me juzgues, que tus palabras hieren… matan

No me juzgues, que el tiempo es corto y puedo sucumbir en las penumbras de tu odio.

Soy lo que ves; el valiente de los cobardes, la voz de los desterrados, la lengua de los mudos… el imbécil que creyó que era el estorbo de la sociedad.

No me juzgues, comprende mi vida y déjame ser quien soy

No me juzgues, quiero vivir y mostrar los colores que habitan en este adolorido corazón

No me juzgues, que la perfección no existe ni trato de alcanzarla.

Quiero entender tu odio… tu rabia, pero no logro saber cuál es tu problema con quienes son y piensan diferente.

¿Por qué me juzgas?, si todos somos humanos, todos somos hermanos; hijos de un solo ser.

Fuego y pausa

Han pasado los meses y ya no soporto esta maldita cuarentena, estoy como genio embotellado; ansioso y excitado por perderme en su anatomía gruesa y perfectamente bronceada.

Él no se da cuenta, pero por el olor de sus huesos he dejado de dormir; en mi mente retumban sus palabras calenturientas y mis manos no pueden quedarse quietas… Mi cuerpo reclama el suyo, e intuyo que en secreto él también reclama el mío a grito mudo; tal cual, como si fuera mi dueño. Urdimos la velada perfecta que ha sido arruinada por esta maldita pandemia, inevitablemente le sueño, es un bucle de cosas que no puedo pronunciar. Maldigo mi nombre una y otra vez, mientras su pene imaginario gotea en mí. Cierro los ojos y puedo sentir sus dedos traviesos jugando con mi lengua… ¡ah!… En mis noches está presente, quemando mi interior a bordo de estos recuerdos candentes. 

Aquí voy otra vez; me toco aludiendo a sus manos. –Eres tú el que me agarra fuerte y acaricia cada uno de los rincones de mi cuerpo, me estremezco y ardo, ven y dame de ti-. !ah¡. Divago…

Solo deseo que no deje de quererme y de estrujarme con fuerza aunque sea en sus más ocultos pensamientos. La desesperación me ha sumergido en la profundidad de mis deseos con él. -Bésame, cógeme; mira como solo con imaginarte me mojo-. !ah¡. Divago una y mil veces…

CAMINAR SIN RUMBO

Hoy estoy débil, cansado de deambular por un desierto en busca de fuerzas que me hagan vivir en medio de este mártir.

No encuentro motivos  para seguir caminando en medio de esta soledad.

Lo que dolía ayer; hoy duele más.

No quiero estar solo por siempre, la vida se me está escapando como agua entre los dedos y hallarle el significado es como encontrar una aguja en un pajar.

Tal vez, me deba acostumbrar al silencio y a la oscuridad; o quizás me deba marchar sin decir adiós.

UNA NOTA

Es fácil enamorarse y entregar todo; absolutamente todo… hasta quedarse sin nada, porque de eso trata el amor.
El problema viene cuando la otra parte no lo hace y te vas desbordando hasta quedarte solo/a, ahí es cuando el amor duele y mata.