07/03 llanto de mi madre

Mi madre llora sin control alguno, sus sollozos a mi corazón empequeñece.

No soy bueno brindando afecto; nadie me lo enseñó, pero verla lastimada me duele en el fondo de mi ser. No sé qué hacer ni qué decir, solo la observo y la escucho mientras conmigo desahoga sus penas.

De pronto la lluvia comienza a caer en nuestro techo de lata, ese ruido a nuestras voces enmudecen mientras nuestros olfatos perciben el petricor que emana del suelo; rico aroma.

Sus lágrimas secan, una sonrisa en su rostro dibuja y puedo entender cuán fuerte es y lo mucho que ella lucha para ver a sus hijos bien.

La envidia mía

 Envidio a las aves; 
 pequeñas y grandes a la vez... 
 volando alto sin miedo a caer, 
 disfrutando de la vida desde las alturas 
 mientras las nubes ante ellas se despejan 
 abriendo paso a un paraíso de algodón.
  
 Envidio a los árboles; 
 frondosos y fuertes, 
 viviendo sus taciturnidades día a día, 
 ellos tan dispensables en la vida... 
 tan vivos, tan pasivos; 
 sin estar envueltos en lujos, ellos tranquilos respiran.
  
 Envidio a las estrellas; 
 su luz nunca cesa, 
 iluminan las penumbras de un espacio... 
 de un firmamento a oscuras que habita más allá 
 de lo que ningún ser puede estar o llegar.
 Tan inalcanzables; tan espléndidas... tan brillantes.
   

Hastío y soledad

Adiós amor, no olvides que te amo y que siempre te amaré.

En mi pecho llevaré la estaca que me matará de hastío y soledad.

Sé que me arrepentiré por esto; por dejarte sin mis besos y abrazos,

Mas no espero que lo comprendas, tampoco que me perdones por destrozar tu corazón de esta vil manera…

Pero es mejor así antes que hacerte más daño.

Trazaré un caudal con mis lágrimas y en él navegaré de sur a norte,

En las aguas frías de mi soledad.

En esta vieja barca,

Subirán mis demonios y junto a ellos me ahogaré hasta fallecer mirando el ocaso mientras la noche cae y la luna me observa.

Llévame a los Andes

¡Allá!

Donde los cóndores vuelan libres junto a las águilas

sin miedo a tropezar en las colinas empinadas de la cordillera andina;

sí, allá donde todo lo que se mueve son presa para las aves rapaces.

¡Allá!                               

Para observar al sol saliente mientras bebo un café negro cargado de vida;

sí, allá llévame.

¡Allá!

Donde el viento arrasa con la vegetación débil que nace de piedras lisas;

sí, en esas piedras me quiero sentar.

¡Allá!

Quiero escuchar a los animales salvajes mientras de lejos los fotografío;

sí, allá quiero despertar.

Donde sé es feliz, hay que regresar y vivir hasta morir.

Lluvia de febrero

Hay días grises en los cuales las lágrimas pasan desapercibidas bajo la lluvia,

días donde los sollozos se enmudecen dentro de las voces roncas que el viento arrastra desde el norte.

Una copa de vino para endulzar esta amargura,

una calada para enfriar las penas.

Miro a través de las persianas,

las hojas de los árboles me saludan,

las aves duermen en el torrencial aguacero

y los perros callejeros rebuscan en la basura;

puedo olfatear lo tétrico que es vivir.

Me tiro en la cama a medio hacer y duermo todo el día.