YO TRISTEMENTE YO

¿Mi cuerpo?
Una coraza trizada… a punto de romperse; llena de golpes y cicatrices, todo eso causado por la vida.

¿Mis ojos?
¿Qué tienen?
Son normales… solo que están cansados de llorar y sangrar en las noches más oscuras.

¿Qué hay en mi taza?
Está vacía al igual que mi vida, he tratado de llenarla y no encuentro algo que dure por toda la vida

¡Qué triste! ¿No?

Debería estar cortando flores para ponerlas en el jarrón, pero están marchitas como mi corazón.

Pues, ahora le hablo a mi reflejo distorsionado de lo que soy o de lo que un día fui.

EL INICIO DE TODO: BULLYING

“Eres un pendejo, un débil y es por eso que todos hacen y deshacen de ti”; esas fueron las palabras de un padre tratando de ‘ayudar’ a un hijo,  ¿pero esa era la forma correcta de hacerlo?

No, esa no era la manera que yo quería que me ayuden, solo hicieron llenarme de culpa e hicieron que cortara cualquier lazo de comunicación que tenía con ellos.

Todos los niños lucían felices, en esas cuatro paredes que nos encerraba en un lugar llamado aula de clase; yo lo llamaba mi cárcel, sí, mi cárcel, porque era ahí donde pagaba una condena que no tenía que caer en mí.

Entre risas, mofas, gritos, insultos y golpes, la mayoría de ellos hacían de mi día a día una pesadilla, ya no aguantaba más, pero tenía que ser fuerte porque los niños fuertes no lloran; esas eran las palabras de mi madre brindando ‘ayuda’.

Mi nariz rota, mi uniforme manchado de aquel líquido rojo, y con algunos golpes en el cuerpo y rostro; ese era mi disfraz de casi todos los días.

Detrás de los baños, sus puños en mi rostro eran plasmados; detrás de os baños, mi ropa era de su potestad y como una ramera me querían usar; detrás de los baños, un niño violado y golpeado lloraba de dolor, y nadie quería ayudarlo porque querían que forjara su carácter en medio de su pena.

¡NO, BASTA! ¡DEJÉNME! ¡AYUDA! ¡AYUDA!

Mis palabras eran silencios y mis silencios eran mi corona de espina, una corona que aún la llevo y la llevaré por el resto de mis días.

-¡MARICA! ¡TONTO! ¡NO LLORES, QUE LOS HOMBRES NO LLORAMOS! ¡GOLPÉALO YA! ¡DAS LÁSTIMA!

Nadie pudo ver lo divertido, lo bondadoso, lo amigable que pude haber sido, solo vieron a un niño vulnerable y blanco para el acoso y maltrato.

Los dueños del salón disfrutaban de las clases como siempre, yo trataba de componerme y no temblar ante las bestias para evitar ser comido por ellas.

En la casa, era el tema que todos hablaban a la hora de cenar, y no faltaba uno que otro golpe en la cabeza para hacerme ‘recapacitar’ que los débiles no se sentaban en esa mesa.

– Papá, yo no tengo la culpa que ellos me quieran golpear…

– Pero tú te dejas, y si te dejas tienes la culpa.

La vida o como sea que se llame, se me iba de las manos y no era culpa mía como muchos me hicieron pensar, viví rechazando mi cuerpo, no hablaba, era una mierda envuelto de más mierda y rodeado de gente mierda.

-Maestra, puede cambiarme de sitio, ellos me están molestando…

-No, deja de quejarte y aprende a ser más varoncito.

Risas, risas y más risas, era el hazme reír de todos, era una vergüenza para mis padres haber concebido a un hijo débil y sensible, ellos no me enseñaron a ser fuertes; fue la vida que me tocó vivir y las lágrimas eran mi única compañía en aquella época tenebrosa.

Estaba cansado, deprimido, adolorido y nadie podía ver mis señales. Mis hermanos sabían que era su presa, pues también fui su juguete como lo fui con de mis ‘compañeros de clase’ y con los cerdos que tocaban mi cuerpo como si este fuera de su propiedad.

Juré un día, levantarme como un gigante y vencer el pasado, aún no lo hago del todo, pero lo lograré… así sea que tenga que alejarme de todos para poder sanar mis heridas.

Esta dolorosa etapa de mi vida dejó cicatrices que supuran cada vez que mi mente viaja al pasado.

Espero que esto no quede como un simple escrito, me gustaría que ustedes los lectores hagan consciencia del daño que el bullying causa en los niños, pues si ves señales en tus hijos, nietos, sobrinos; no las ignores y ayúdales porque lo que ellos necesitan es confianza y amor, no sentirse culpables de ese dolor.

EL INICIO DE TODO: ABUSO SEXUAL

Que alguien toque tu cuerpo, penetre tu inocencia, te destruya con
brutalidad, es algo inexplicable, horrible y sucio de pensar, pero es mi
realidad o quizás una pesadilla; una muy espantosa pesadilla de la cual no
logré despertar a tiempo. 

12 de julio del 2007; un día al que recuerdo como si fuese ayer, hoy y
mañana. Sus frías y sudorosas manos en mis hombros, más una voz áspera y titubeante diciéndome “tranquilo no te voy a lastimar, todo será rápido; confía en mí”. Ese fue mi error, confiar en él y pensar que nada malo iba a suceder.

Sentí como el ambiente en aquel sucio y fétido baño comenzó a ponerse tenso a tal punto que ya tenía miedo. Quise gritar pero sus asquerosas manos taparon mi boca, para después darme una bofetada y callar mis lamentos con brutalidad.

Quedé sin fuerzas para huir y gritar, en ese momento pude sentir como mi
pantalón se deslizaba por mis débiles piernas y como mi ropa interior era
desgarrada con fuerza.

Sentí como su parte íntima penetraba dentro de mi cuerpo una y otra vez sin parar. El dolor; el agonizante dolor; no sabía diferenciar que me dolía más ¿el alma o el cuerpo? Mi boca en su pene fue satisfactoria para aquel animal, porque lo escuché gemir de placer, pero él no me escuchaba llorar de dolor; esos minutos parecieron horas incluso días, días de un enorme lamento.

Para cuando me soltó, yo estaba tirado en aquel suelo sucio, tan sucio como
la mente retorcida de aquella bestia. Desde que mi inocencia se perdió, mi
felicidad también. Fue entonces que decidí vestir de negro mi alma y a mi
corazón; de negro dolor porque combina con mis oscuros pensamientos.

Si hubiese sido adivino, no hubiera sucedido lo ocurrido, perdón por no
serlo, muchos me culpan por eso. Mis amigos y conocidos piensan que me quedé ahí porque quería hacerlo, pero no saben cómo se siente estar en mis zapatos, ni mucho menos entenderán que es estar destruido como yo lo estoy.

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NACIDO PARA SUFRIR

Sí, creía en santos y ángeles cuando los necesitaba, pero ellos estaban ocupados salvando otras vidas mientras la mía en la oscuridad se deshacía.
Viví una vida turbia y poco agradable; unos padres cegados por sus problemas, abuso sexual, bulying, hermanos que pensaban por ellos mismos, tristeza y drogas; todo eso me llevó al borde.
Divagaba en los paraísos que me pintaba el alcohol y los estupefacientes, tratando de encontrar la felicidad, pero lo único que hallé fue hundirme más hasta tratar de quirtarme lo que todos llaman vida. Me perdí por muchos años, confundido deambulaba por las calles frías y solitarias de las noches mientras los demonios de mi cabeza no dejaban de hablarme: “morir no es tan feo”, “ellos no te merecen”, “acaba con este sufrimiento”, “muerto estarás mejor”.
Y otra vez traté acabar con todo esto que mi cuerpo guardaba; el dolor y pena era más grande con el pasar del tiempo, ya no sabía como controlar mi mente.
Mi aspecto físico fue cambiando notoriamente con el pasar de los días, el único alimento era las canciones tristes y los problemas de mis padres, ellos trataron de ayudarme obligándome a comer cuando lo único que quería era apoyo emocional y a alguien a quien contarle lo horrible que se siente que un cerdo toque tu cuerpo y lo sucio que es que penetren con brutalidad tu inocencia.