
Tengo lagañas adheridas a mis vértices y trizado el corazón desde varios años atrás. Las cosas hermosas dejaron de serlo cuando él se fue y es que todo parece perder sentido sin su presencia, incluso la vida me está hartando.
Dicen que debo superarlo, pero no entienden que ese hombre al que tanto le dedico escritos y lágrimas, no es cualquier persona; fue el primer hombre al que amé, sigo amando y amaré por siempre.
Ese hombre me vio nacer, crecer y yo lo vi fallecer, me causó depresión su repentina partida, nadie me enseño lo duro que son las despedidas y lo difícil que es sonreír después de aquello.
Lo busco en sus fotografías, en sus cosas, en el aroma de su ropa guardada, y no lo hallo. Me derrumbo y nadie parece notarlo.
Quisiera que todo esto fuera una pesadilla para tenerlo a mi lado y poder seguir observando los arreboles junto a él y bailar bajo las luces blancas de su cuarto empolvado. Lo extraño y nunca podré reemplazarlo.


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