Mientras fumo, la vida se consume en unas cuantas caladas y en este humo veo a mi futuro desmoronarse.

¿Quién soy?

El sonido del tráfico de la tarde, me aturde; su bum-bum y su tan-tan ensordecen a las voces roncas de mis pensamientos, ni siquiera el revoloteo de las aves se escuchan en esta ciudad en llamas.

Este mórbido paraje que refleja mis enormes y tristes ventanales; me abruma. Todo luce perfectamente bien allá afuera, tan perfecto que me entristece la felicidad ajena y me ahogo en las lágrimas de mi infortunio.

Agarro mi celular: ningún mensaje, ninguna llamada perdida; quiero morir, nadie me extraña… nadie me necesita.

Fumando espero a que la noche arrulle a los transeúntes para asfixiarme en el conticinio, en la hora que logro captar mis pensamientos pocos lúcidos y escaparme a lo más oscuro y tenebroso de mi mente.


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