Amo que me ames,
que me beses con ganas,
que tus brazos me asfixien,
que tu cuerpo rompa mi calma.
Deja que la pasión
queme ese deseo,
esa obsesión,
esa hambre de amor.
Las aves se posan en la ventana,
husmeando y envidiosas;
paralizadas y asombradas
ven hasta el último pedazo
de piel que viste mi cuerpo,
observan partes que ni el sol ha tocado,
ni cualquier otro ha probado.
La pasión,
la lujuria,
el fuego,
el amor,
consumen las horas a solas
en la habitación.
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