Querida rosa, hoy he venido a regarte con mis lágrimas y a cantarte melodías que salen de mi corazón.

Tus espinas son dardos clavados en mi carne que van dañando mi interior.

Querida rosa, eres la única en mi jardín; y cómo tú no hay nada que se le parezca.


Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar