¡Allá!
Donde los cóndores vuelan libres junto a las águilas
sin miedo a tropezar en las colinas empinadas de la cordillera andina;
sí, allá donde todo lo que se mueve son presa para las aves rapaces.
¡Allá!
Para observar al sol saliente mientras bebo un café negro cargado de vida;
sí, allá llévame.
¡Allá!
Donde el viento arrasa con la vegetación débil que nace de piedras lisas;
sí, en esas piedras me quiero sentar.
¡Allá!
Quiero escuchar a los animales salvajes mientras de lejos los fotografío;
sí, allá quiero despertar.
Donde sé es feliz, hay que regresar y vivir hasta morir.



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