Envidio a las aves;
pequeñas y grandes a la vez...
volando alto sin miedo a caer,
disfrutando de la vida desde las alturas
mientras las nubes ante ellas se despejan
abriendo paso a un paraíso de algodón.
Envidio a los árboles;
frondosos y fuertes,
viviendo sus taciturnidades día a día,
ellos tan dispensables en la vida...
tan vivos, tan pasivos;
sin estar envueltos en lujos, ellos tranquilos respiran.
Envidio a las estrellas;
su luz nunca cesa,
iluminan las penumbras de un espacio...
de un firmamento a oscuras que habita más allá
de lo que ningún ser puede estar o llegar.
Tan inalcanzables; tan espléndidas... tan brillantes.
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